Colombia: ¿las bases para qué?

Bses colombianas ofrecidas a EEUU

Estados Unidos y Colombia han firmado recientemente un acuerdo que amplía el acceso militar estadounidense a diferentes bases colombianas. El tratado ha desatado una ola de protestas en la región por cuanto que la masiva presencia del Pentágono en diversos puntos de la geografía colombiana representa de hecho un desequilibrio de fuerzas que amenaza la estabilidad de la región.

 

 

Nov 02, 2009El comienzo de una nueva guerra fría

Imagen Associazione Nazionale Nuova Colombia

Ya es un hecho. El pasado 30 de octubre Colombia y Estados Unidos firmaron el “Acuerdo para la cooperación y asistencia técnica en defensa y seguridad”*, o en otras palabras, el tratado por medio del cual Estados Unidos amplía su pie de fuerza militar en Colombia en los próximos diez años. Ahora sólo falta la aprobación del Congreso estadounidense para que el tratado se haga efectivo. El Gobierno colombiano por su parte no consideró necesaria la opinión de su propio Congreso respecto al texto del acuerdo, el cual hasta la fecha de escribir esta nota todavía no es conocido públicamente.

Tanto la Embajada de EEUU en Colombia como el Gobierno de Uribe han tratado de restar trascendencia a este proceso con el argumento de que éste es sólo una continuación de la larga colaboración en materia de seguridad entre los dos países. “Ya estábamos en seis de las siete bases”, dice el embajador estadounidense William Brownfield. La presencia estadounidense en Colombia está tan arraigada que se ha vuelto ‘normal’ y por eso pasa desapercibida para la prensa y opinión pública.

Si no hubiera sido por el fin de la base de Manta, y si no hubiera sido porque Estados Unidos identificó específicamente una nueva base en Colombia, Palanquero, que no es cualquier base sino que es el principal sitio militar de las fuerzas armadas colombianas, y si no hubiera sido porque EEUU ha dicho que invertirá 46 millones de dólares para adaptar esta base a sus necesidades tecnológicas, posiblemente esta ampliación militar de EEUU en el país suramericano hubiera pasado una vez más desapercibida. Los planes para Palanquero hicieron súbitamente evidente las nuevas dimensiones y significación de este nuevo paso dado por Estados Unidos en el continente suramericano. Este tratado podría ser el comienzo de una nueva guerra fría en el hemisferio occidental.

Top secret

A medida que se han ido conociendo a través de la prensa nuevos detalles relacionados con el tratado, se ha hecho evidente la atmósfera de misterio con que el Gobierno colombiano arropara desde el principio el nuevo acuerdo. ¿Si el acuerdo es tan irrelevante como lo pretende el presidente Uribe, ¿por qué entonces ha ignorado hasta el día de hoy los reiterados pedidos de los gobiernos suramericanos para conocer el texto del tratado? ¿Por qué el presidente Uribe emprendió una gira por varios países de Suramérica (excluyendo a Venezuela y Ecuador, dos de los países más interesados) para explicar supuestamente a esos gobiernos las características del nuevo tratado, mientras al mismo tiempo, según lo revelaron off the record funcionarios estadounidenses, pidió expresamente a Estados Unidos mantener en reserva los detalles del convenio?

El Nuevo Herald de Miami cita a un funcionario de la anterior administración de George W. Bush según el cual que el Gobierno colombiano estaba muy interesado en el pacto debido a los constantes desafíos del presidente venezolano Chávez. La reducción de los fondos del Plan Colombia y la compra por parte de Venezuela de nuevo armamento habrían jugado también un rol clave para que Colombia buscara asegurarse una presencia más ‘estructurada’ del ejército estadounidense en su territorio. Pues es esto justamente lo que representará Palanquero desde ahora con respecto a la situación de antes de este pacto, que se consolida y se estructura la presencia del Comando Sur en su principal aliado de Suramérica.

Y así ha quedado finalmente puesto al descubierto lo que la mayoría de los países de UNASUR vienen diciendo desde que se supo de este pacto y que el Gobierno colombiano se apresuraba a desmentir: que el pacto ha sido pensado para enfrentar la ‘amenaza’ de “gobiernos anti-Estados Unidos en la región”. Y puesto que se trata de un pacto militar, entonces es de suponer que se trata de enfrentar militarmente a los gobiernos en cuestión. Este detalle fue revelado la semana pasada por la revista Semana que cita un documento del Departamento de Defensa. Según escribe la revista a propósito del mencionado documento del Pentágono, “poder utilizar la base de Palanquero es una "oportunidad única" para poder hacer un "completo espectro de operaciones" en una región "crítica" donde la "seguridad y la estabilidad están bajo constante amenaza" no sólo por narcoterroristas, sino -lo más revelador- por "gobiernos anti Estados Unidos".

En un artículo reciente del TNI comentábamos cómo las bases introducen en la región un elemento de desequilibrio. La firma del tratado oficializa ahora ese desequilibrio e inaugura de hecho una nueva era de las relaciones entre los países del hemisferio: una nueva guerra fría entre Estados Unidos y países pro-estadounidenses por un lado, y países que han querido probar con otros modelos de desarrollo y hacer alianzas políticas, económicas y militares con otras potencias del mundo diferentes a Estados Unidos por el otro.

Amira Armenta

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